LOS SUJETOS POTENCIALES, LAS GUERRILLAS, LOS DERECHOS HUMANOS Y LOS PRESOS POLÍTICOS.

La democracia ha existido en el Perú, para poder hablar de su reconstitución o de la redemocratización del Estado y de la vida política institucionalizada del país, como lo hace Aníbal Quijano. Creemos que estamos mezclando la realidad social con las ficciones academicistas; ahora bien, y si nos preguntamos ¿sobre qué régimen político existía en el Perú?. Siendo consecuentes con los propios escritos de Quijano, diremos que el Estado peruano es producto de la colonialidad del poder y del saber, su existencia es solo una respuesta a las necesidades internacionales del capital, es un ente que siempre ha carecido de autonomía y soberanía ante el imperialismo, que es y ha sido escasamente representativo y ha usado las elecciones más como instrumento de legitimidad, legalidad y dominación; donde la sociedad no se ha democratizado, la ciudadanía es una farsa al segregar y excluir a la mayoría indígena; donde el Estado de Derecho y la justicia han sido una ficción ante el uso de la violencia objetiva y subjetiva como mecanismo principal de subalternidad. Estamos frente a un Estado donde nunca se han separado lo civil y lo militar y las Fuerzas Armadas son el referente obligado para gobernar, donde la sociedad civil no llegó a consolidarse ante los militares. Perú es una de las sociedades donde las relaciones sociales han estado y están marcadas por la desintegración étnica y geopolítica, por la clasificación racista entre sus habitantes, por la ausencia de un imaginario colectivo, por la conflictividad y odios permanentes, por la desidentidad profunda que alude a una sociedad imaginada. Lo que unifica a este país son las Fuerzas Armadas y símbolos patrióticos alejados de la racionalidad. Hay veces en que brillantes intelectuales son influidos por el debate académico, por los intelectuales oficiales en el medio y no queremos asumir nuestras categorías para examinar una realidad tan inédita como muchas otras. Cuando Quijano establece los rasgos del régimen fujimorista, señala que estos son: la concentración del control del Estado por una asociación de las Fuerzas armadas y una tecnocracia política sometida a aquellas; un aparato militar civil –el SIN- que es el instrumento central de gobierno de aquella asociación y mecanismo de terror; destrucción de las instituciones políticas y la construcción de otras como instrumento de control político; control corrupto de los medios; uso discrecional de los recursos del Estado; práctica sistemática del fraude electoral; uso de la violencia por una aparato político de control y desarrollo de una vasta red mafiosa. La mafia contando con la alcahuetería norteamericana (OEA, FMI), crea un régimen dictatorial nuevo e inédito, por su carácter despótico y parafernalia demoliberal, que puso al Estado al servicio del capital trasnacional. Anota, por último, que la OEA está tramada por los mismos intereses que el fujimorismo de allí su comportamiento. No sabemos a que institucionalidad democrática se refiere Quijano, veamos lo que ocurrió en los últimos 50 años para contradecirlo. ¿O es un período muy breve?. Este medio siglo nos muestra que así como las instituciones cambiaron tan radicalmente en esta ominosa década; igual ocurrió desde 1948-1956 presidida por una dictadura militar, que fue "interrumpida" cuando entre 1956-1968 se produjo cierta transición que fue frustrada al interior del ciclo por los militares. Luego viene el período 1968-1980 con dos gobiernos militares con distintos proyectos que cada cual cambian totalmente la institucionalidad. En 1979 Perú tiene una nueva Constitución que podría haber modificado la institucionalidad y la vida política si el país no se hubiese militarizado, pues en 1980 comienza una guerra interna con la aparición de Sendero Luminoso que dura casi tres lustros. En los dos primeros los militares tendrán cada vez más la dirección política del país, a pesar o no de los gobiernos civiles. Podemos afirmar que todos los cambios institucionales de esta década estuvieron asociados a la contrainsurgencia y la presión colonial. Lo que queremos decir es que la historia contemporánea del Perú no esta marcada por la desdibujada modernidad y la ilegítima democratización como dicen varios destacados intelectuales peruanos incluyendo a Quijano, sino por la dominancia de una marcada inestabilidad y conflicto, interrumpida por ciertos tiempos de equilibrio cívico militar. Los mapas institucionales cambiaron constantemente y en ningún momento se pudo hablar de transición democrática. Ese es un invento de intelectuales que colocaban a la teoría por encima de la realidad. Para no ir muy lejos, la elección de un Fujimori sin partido y sin programa, el autogolpe contra-institucional, la instauración de un régimen neoautoritario, patrimonialista, movimientista y políticamente inclusivo, por las Fuerzas Armadas y el Presidente, son una expresión de lo que decimos. Es sintomático que paralelamente al programa de estabilización del FMI y los megashock sin respuesta popular, los gastos en seguridad (contrainsurgencia) y en deuda son los que más crecieron, mientras que los sociales y en acumulación disminuyeron. Los movimientos mediáticos y los tecnócratas reemplazaban a los partidos y los empresarios se incorporaban a la vida política. Las Fuerzas Armadas adquirieron una enorme centralidad al encargárseles dentro de la política oficial parte de la política social –junto al Ministerio de la Presidencia y las ONGs-, de construcción de infraestructura y las donaciones; se les encarga y ratifica el control militar total del país; mientras que en el nivel extraoficial e ilegal manejan el narcotráfico con la DEA, el contrabando. Los intelectuales no comprendieron –al dedicarse a la pseudoteorización, o sea a la especulación sobre los saberes eurocéntricos y no a la investigación y/o a pensar la sociedad compleja- que el pregonar la modernidad, la institucionalidad, la democracia y la gobernabilidad no son ni lejanamente suficiente. Las reflexiones sobre las clases y la segmentación de los sectores populares y empresariales, los cambios en el poder y su uso, las nuevas formas de dominación y la manipulación de las propias elecciones y de la democracia, son elementos que aun son incomprendidos. Recordamos que un prestigioso sicoanalista peruano para explicarse la supuesta volubilidad electoral del pueblo peruano, alguna vez dijo que todos los peruanos teníamos algo de Alan García, de Fujimori, de Abimael Guzmán. Lo que es una macro-simplificación y facilismo explicativo que no nos dicen nada sobre la desintegración social peruana que va más allá de lo étnico, lo geográfico, la clasificación racista, las desigualdades y tocan los tejidos de todas las configuraciones sociales, a las mismas clases, etnias, géneros, grupos religiosos y políticos, y sus interrelaciones complejas, así como la subjetividad social con todas sus intrincadas dimensiones. Si esbozamos un esbozo de reflexión acerca de las elecciones de abril de 2000, la explicación psicoanalítica más confunde que aclara. El pueblo no voto por el neoliberal Toledo o el farsante García Pérez por que en ese momento le salió lo Pérez o lo Toledo que todos llevamos dentro o por estupidez o falta de memoria, sino que siendo el voto obligatorio y coercitivo un segmento del pueblo dio un voto de castigo a los racistas (Lourdes Flores) y el mismo y/u otro apoyó a uno de los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta, al mismo tiempo no queremos reconocer que entre estos votos y los viciados, nulos y en blanco y los que no votaron existe cierta identidad en rechazar el proceso electoral por distintas consideraciones, siendo uno de los factores el hecho de que las opciones mediáticas, que son creadas por quienes pueden hacer campaña en las calles y principalmente en los medios, se circunscribieron a tres o cuatro de más de diez candidatos? , ninguno de ellos elegidos en eventos o procesos colectivos, en bases partidarias o de movimientos. No responden a una democracia representativa. De otro lado, otro segmento, que voto por Alan y Toledo es el desculturizado, embrutecido mediaticamente, acostumbrado al intercambio de votos por comida, aterrorizado por el hambre, y al cual estos candidatos se dirigieron como antes lo hicieron otros. Quizás a ellos estaría haciendo alusión nuestro psicoanalista. Pero también votaron por Toledo empresarios como por Alan sectores de clase media conscientes de que estos responderán a sus intereses, aunque antes se hayan equivocado. Otro factor es que el viejo poder no ha desaparecido, sigue actuando. Mientras existan las fuerzas armadas sin cambios profundos en su conciencia, en sus preferencias sociales y en sus proyectos respecto a la sociedad, en este sentido respecto a las mayorías, el poder neoliberal estará presente y reactualizándose. En un video se puede apreciar un acto de compromiso de alto mando militar con Fujimori, firmando un acta de carácter mafioso, que Pérez de Cuellar apoyó, al no hacer más cambios en la cúpula militar. Igualmente en el Congreso se tenían identificados 38 parlamentarios–de 120- implicados en los videos, aparte de otros tránsfugas menos conocidos y los militantes fujimoristas. La CONFIEP, que agrupa a los grandes empresarios de todos los sectores, muchos de ellos formando una burguesía trasnacional, continua añorando los tiempos de la acumulación subsidiada. El poder judicial ha sufrido algunos cambios pero la estructura de la corrupción no ha sido alterada a fondo. El poder oculto puede ser reactivado por el futuro Presidente sea por su experiencia mafiosa o por que la economía y la política económica seguirán siendo neoliberales. La política fiscal, el presupuesto, las relaciones de la deuda externa, las privatizaciones, la flexibilidad laboral, la autonomía regional y departamental, la tecnoburocracia y los altos salarios de elite, el sistema electoral y de representación, la Constitución, etc. Elementos sistémicos y sujetos que pueden ser los elementos de un nuevo autoritarismo corrupto. En fin, se requiere de una revolución estatal para que pensemos en un nuevo proyecto de país no colonial y donde las relaciones de poder sean profundamente modificadas. Lo que también queremos decir es que si bien hay una izquierda orgánicamente ausente ella esta potencialmente presente en amplias multitudes, a la deriva, confusa, sin siquiera candidatos que llenen el vacío de por quien votar. Seguramente hasta sujetos de la derecha habrán pensado en llenar ese espacio. Se impone la necesidad de nuevas formas de hacer política de izquierda y creemos que tendrá que objetivizarse si se crean las condiciones para ello. La izquierda ha venido abandonando ideas y proyectos, liderazgos y ética, en la medida en que se iban involucrando en la política oficial. Las FFAA se les adelantaban en implementarlas haciendo una caricatura de las perspectivas de izquierda. En 1968 hicieron una revolución con reforma agraria, industrial, de las empresas, militar, en fin, en todos los ámbitos de la vida social asumiendo muchas de las propuestas de izquierda, concluyendo con una nueva Constitución. La del 80 fue la década de la subversión, de sendero y el MRTA, ante ella el APRA y las FFAA nuevamente fueron los que recuperando los intereses y necesidades populares detectadas por la izquierda y diseñando eficaces medidas contrainsurgentes-populistas quisieron transformar el país creando regiones, oponiéndose a la deuda externa, buscando el crecimiento de las zonas rurales, etc.; y en los 90 estamos frente a una nueva revolución –ahora neoliberal- también dirigidas por las Fuerzas Armadas. Reformaron otra vez el Estado, esta vez comenzando con una nueva constitución. La emergencia de los frentes regionales y la necesidad de gobiernos autónomos, son una muestra de una política para medir el abandono al que hacíamos referencia y las vicisitudes a la que estuvo expuesta al ser adoptada por la mafia pero caricaturizada, primero por las necesidades contrainsurgentes y después por las necesidades autoritarias. En efecto Alan García creó las regiones en las postrimerías de su Gobierno, como estructuras territoriales de gran tamaño que finalmente solo sirvieron para derrochar los escasos presupuestos entre una militancia ávida de mayores ingresos. Fujimori se encargó de disolver los gobiernos regionales y en su lugar estableció los Consejos Transitorios de Administración Regional –CTAR- bajo la presidencia nombrada por el ejecutivo y la transitoriedad nunca se trasformó en gobiernos electos. Más bien fue un eslabón del hiper centralismo limeño y militar, que junto al Ministerio de la Presidencia, al Vice Ministerio de Desarrollo Regional, las autoridades políticas departamentales –prefectos- provinciales y distritales, la Asociación de Municipalidades y un Congreso unicameral por distrito único, con enormes ingresos para paralizar a la oposición, no dejaban resquicios para la autonomía Y la izquierda nunca hizo nada al respecto. Si atendemos a la dinámica de la lucha de clases y de los movimientos sociales esta reivindicación es central en la distribución del poder entre departamentos y regiones y la forja de una democracia. De otro modo no es posible hablar de ciudadanía, de gobernabilidad, de liderazgos y de democracia., siquiera liberal. En marzo de 2000 se produjo un paro cívico nacional protagonizado por los frentes regionales y los campesinos, que paralelamente realizaron una marcha nacional; acciones que venían precedidas por las jornadas del año anterior, de grandes protestas contra la reelección. Detengamos en este movimiento y la marcha de los cuatro suyos. Los puntos centrales de la plataforma de estos frentes a fines de enero de 200 eran: la elección de las autoridades regionales simultáneamente a los comicios generales, presidenciales y parlamentarios; la defensa de la soberanía y del territorio nacional; el cambio de la política económica, rechazo a las privatizaciones y el apoyo a los productores agrarios; por una política social y defensa de los derechos humanos. El 22 de enero de 2000 los frentes de defensa, los frentes patrióticos, comités cívicos y asambleas regionales emitieron un pronunciamiento donde en resumen plantean: 1. Rechazo a la reelección, a la política neoliberal de Fujimori y a las consecuencias sociales de ésta. Contra el atropello de la soberanía e integridad territorial, las privatizaciones, el autoritarismo militarizado, el atropello a las libertades y derechos ciudadanos y la corrupción generalizada. 2. Denuncian que para imponer fraudulentamente la re-reeleción se hace uso indebido de los fondos públicos, se manipulan los programas de emergencia social, chantajeando a los más pobres, hostilizando a líderes sociales y políticos, parametrando a los medios y utilizando a todas las instituciones del Estado en las campañas. A través de las autoridades gubernamentales se manipulan jurados electorales, creando un sistema insolvente y parcializado. 3. Después de estas propuestas políticas democráticas, sintetizan sus demandas en: a)Descentralización y autonomía, b)defensa de la soberanía e integridad territorial, c)convocatoria a elección de autoridades de gobiernos regionales autónomos, d) vigencia de libertades y derechos democráticos, e)inversión de recursos públicos en desarrollo regional, f)lucha contra la corrupción, g)generación de empleo y trabajo, h) defensa del patrimonio nacional, del agro y de la propiedad, i)defensa de la vida, de3l medio ambiente y de la producción frente a la irracional producción minera. 4. Convocan a la población civil a la resistencia y auspician el diálogo con las fuerzas de oposición. Lo suscriben 17 organizaciones de 16 departamentos (de 25) y en el paro participaron ellos más las organizaciones de los trabajadores, estudiantes, pobladores. Fue un éxito rotundo pero finalmente canalizado como movimiento ciudadano; la autonomía de los movimientos regionales se perdía en la política. Bajo la argucia de que sí bien es cierto que solo se resuelve lo regional o departamental, las demandas de los trabajadores y los intereses populares, a través de un cambio de Gobierno; estas demandas particulares desaparecieron. La marcha de los cuatro suyos, de sindicatos, frentes regionales, universidades, comunidades indígenas, junto a gremios profesionales, clubes de madres, bases partidarias, gente acomodada, desde los cuatro puntos cardinales, multiplicó lo esperado y fue una gran movilización nacional y sin embargo expropiaron las demandas populares a favor de una amorfa sociedad civil, de una borrosa e indescriptible ciudadanía. La mejor prueba de lo venimos afirmando esta en lo que pudimos observar tras la gran marcha. Después de la marcha la población en general quería desahogarse y expresar su repudio al orden social y político, al FMI-BM, a los partidos y movimientos en el poder, a los políticos y tecnócratas, al régimen, al tipo de sociedad excluyente y racista; y, después de los videos: a los tránsfugas, a las mafias dirigidas por Fujimori-Montesinos, a los militares, al SIN, a los altos funcionarios, a los tecnócratas, a los medios. Las protestas aparecían en las barriadas, en las universidades, entre las mujeres, los artistas. Tomaron distintos nombres Colectivo Amauta, El Ágora, La Resistencia, Orwell, Colectivo Sociedad Civil, Red Democrática, Frente Democrático Nacional de Mujeres, etc. Un rasgo común será la búsqueda de espacios públicos, la reivindicación de lo colectivo, la relación horizontal, la creatividad, la afinidad de clase o actividad, el multipartidismo. La Resistencia emite un pronunciamiento el 17 de abril de 2001 en el que felicitan el comportamiento de la ciudadanía por haber rechazado el caudillismo y el continuismo mafioso aliado a sectas secretas. Demanda a los dos candidatos que se pronuncien sobre: 1) la ética nacional y la juridicidad, 2)la participación ciudadana en la pública develación acerca de los derechos humanos, 3)rechazan la impunidad de los actos de corrupción, traición a la patria, violación de los derechos humanos y conspiración por los grupos de poder, 4) depuración y reorganización de las deshonradas Fuerzas Armadas y policiales, 5) eliminación de carteles y monopolios creados bajo la corrupción, y de la intromisión extranjera en la vida política nacional, 6)restablecimiento de una política exterior nacionalista y patriótica, 7)reconocimiento de espacios e instituciones de la sociedad civil y control ciudadano directo, 8) responsabilidad social y cultural de los medios y 9)planificación del desarrollo sostenido sobre la base de un proyecto de país. Son una expresión de que la resistencia al neocolonialismo viene redefiniéndose y adquiriendo continuidad y radicalismo. Se necesitan acciones de lucha democrática desde abajo que comprometan a multitudes de departamentos y regiones. El Frente patriótico de Loreto decretó la expulsión de la CTAR y del Jefe de la Región Militar sin ningún temor. Los estudiantes universitarios de la Universidad Villareal tomaron la universidad y expulsaron a la Comisión Interventora. Los movimientos regionales, los colectivos ciudadanos y los jóvenes estudiantes concentran la potencialidad rebelde por la dignidad. Sin embargo, creemos que este es el comienzo del destape de una olla a presión sellada por el terror. Los trabajadores querrán recuperar sus derechos perdidos comenzando por el empleo y los salarios; existen movilizaciones de profesores universitarios y del magisterio preuniversitario despedidos por la dictadura. El movimiento popular tiene la necesidad de rearticular a las madres de comedores y del vaso de leche, las demandas de autonomía y recursos del poder local, las protestas de las comunidades nativas y campesinas junto a los cocaleros y la CCP, pobladores y prestatarios. Recordemos que el 54% de los pobladores esta ubicado bajo la línea de pobreza; los segmentos E con un ingreso mensual menor de 60 dólares y el D con menos de 230, han aumentado en la década Fujimori junto a una mayor desigualdad y estancamiento regional. No obstante la democracia hoy no es un problema solamente de los pobres, es un proyecto antagónico al capitalismo; no es solo un problema de elecciones y votos, es un problema del poder. El Colectivo Sociedad Civil mostró mayor radicalidad y defendió principios y neutralidad democrática. Propone que si no hay una consecuente persecución de los crímenes cometidos por la dictadura, se instauraría una democracia sobre bases endebles. De lo que se trata es de modificar el sentido común cultural de la época. Muchos de ellos proponen votar en blanco para anular la segunda vuelta, mientras la población se prepara para un voto responsable y conciente. Por su lado el Colectivo Amauta –este si radical- considera que no están de acuerdo con neoliberalismo que ofrecen ambos candidatos, que la llamada representatividad no existe si la masa y las clases son amorfas, que las promesas incumplidas pueden originar una inusitada violencia y que es necesario reconstruir la historia de los vencidos. Otro frente de lucha que puede renacer es la guerrilla. La captura de líderes de sendero como Feliciano o Alipio no han significado el fin de la lucha armada, aunque sí su derrota ideológica y política como proyecto gonzalista. Los combates continúan en la región andino-amazónica centro-norte del país. Los diarios peruanos reportan que en los últimos dos años se registran enfrentamientos en Huanuco, Junín, San Martín y Ayacucho. Incluso han atacado helicópteros artillados y a patrullas militares guiadas por rondas campesinas. Se encuentran en Satipo, Valle del Río Apurimac, Valle del Río Ene, Valle del Alto Huallaga. Por algo la AID financió con 13 millones de dólares la nueva base militar para el Departamento de Operaciones Tácticas Antidrogas de Palmapampa. En un informe de marzo del 2001 la Mesa Nacional sobre Desplazamiento y Afectados por la Violencia Política (MENADES) señala que existe una violencia invisible, focalizada donde la población civil apoya a los subversivos. Cien mil personas involucradas en 351 acciones entre 1995-1999 en esa región muestran que ante las mismas condiciones podría rebrotar la violencia política. El 20% de la población en un 16% del territorio aun están en estado de emergencia. Mientras tanto miles de sospechosos de guerrilleros están condenados en las cárceles peruanas, en un monstruoso e inhumano encierro, solo con la esperanza de que el nuevo Presidente les haga justicia. Peor aun, cerca de tres millones de desplazados por el mundo huyendo del hambre esperan que el país cambie, encuentren empleo y salarios dignos. La estrategia fujimorista frente a las luchas sociales fue acabar con los liderazgos en una sociedad que aun se mueve a través de ellos. ¿Cómo le hizo?. Manipulando la democracia. El parlamento y las alcaldías –tratando de que la izquierda no pase de ser minoría, pues la mayoría era para sus líderes de movimientos adeptos- fueron colocados como botín, otorgándoles cierta libertad en la fijación de salarios. Absorbió a otros a través de las consultorías y asesorías. Y activó la política de ayuda gubernamental asociando a las miles de ONGs al Estado. En resumen les dio el anzuelo de la ambición en un contexto de éxito neoliberal, desatando la competencia entre ellos. En las universidades y escuelas implantó el terror y agredió incluso fiscalmente a artistas e intelectuales. Los otros líderes que seguían actuando por fuera del sistema simplemente eran víctimas del asesinato, la tortura, la desaparición o el exilio. Esta fue la geografía del poder durante una trágica década para el movimiento popular. Daba la impresión de que la derecha de las FFAA había acumulado experiencia, mientras que la izquierda prefirió el olvido y la colaboración. Esta última quedó tan sorprendida de los videos que solo atinaban a felicitarse por la suerte de no aparecer en ellos. Hasta ahora el analista de izquierda Martín Tanaka se lamenta que Fujimori dejó pasar "una oportunidad única, extraordinaria, para cambiar la historia". Carlos Iván Degregori – que fungió como asesor de la contrainsurgencia, justificando su tarea con una crítica irracional a sendero- afirma que Fujimori hizo "...a su manera una revolución de esperanzas entre 1992 y 1996" y luego menciona la arrolladora victoria de 1995, que el shock del 92 fue inevitable, y que en 1990 compró el programa antisubversivo de las Fuerzas Armadas. La conclusión – antes de abril de 2000- era que gane quien gane habrá una transición democrática sui generis. Mientras que intelectuales como Manuel Manrique, Julio Cotler o Sinesio López, Rodrigo Montoya, entre otros, sé martirizar al persistir enrevesadamente para mostrar las dificultades de la transición a la democracia desde la perspectiva de Bobbio, Sartori, Tocqueville, etc., etc.; algunos pocos como José Luis Renique al menos descubren que en 1993 fue difundido por una revista limeña los detalles del Plan Verde, esbozo de una "democracia tutelada de corte fascistoide, de fachada civil y alma militar", así lo dice o es una metáfora o ¿una antinomia?. También descubre una hebra fundamental en la constitución del fujimorismo: "la aceptación -pasiva o activa- por parte de grupos críticos de las elites peruanas de la tentación autoritaria representada por Fujimori." Explicarnos estas situaciones nos conducen al racismo y a la colonialidad del saber. Coincidimos con Quijano en la idea de que la idea de raza es "con toda seguridad, el más eficaz instrumento de dominación social inventado en los últimos 500 años", y que como resultado de la dominación colonial moderna aun permanece unida a las necesidades del poder. Con esto queremos decir que la descolonización del saber y la deconstrucción de la dominación debe arraigar en los pueblos indios reindianizados y en sus intelectuales. Desarrollar este proceso requiere luchar por la autonomía de los pueblos indios, que incluye la política e intelectual. Las contradicciones al interior del Estado están agudizándose. Dentro de las Fuerzas Armadas y al interior de los Ministerios correspondientes a la seguridad -defensa, interior, etc- los conflictos entre fujimontesinistas e institucionales, entre los activos y los purgados por la mafia, entre conservadores y reformistas. Lo cierto es que el ejecutivo no tiene tela de donde cortar pues las Fuerzas Armadas como institución sirvieron a la corrupción y reformar esta institución implicaría su desaparición. Otra entidad estratégica es el Ministerio de Relaciones Exteriores que tiene que tomar decisiones frente al Plan Colombia, ante la política rapaz de los Estados Unidos y su máxima expresión el ALCA; tomar posición ante los conflictos internacionales como China-Estados Unidos, o Israel -Palestina o Cuba-Estados Unidos; enfrentar los problemas mal resueltos de las fronteras con Chile y Ecuador, etc. Y sin embargo también sufrió los estragos de la corrupción y el entreguismo. Cuando vemos panorámicamente lo ocurrido en otras dependencias vitales como el Ministerio de Economía y Finanzas, del Interior, el Poder Judicial, la Fiscalía, el SUNAT e incluso instituciones de la sociedad civil, concluimos en que no es posible pensar la democracia con un Estado así; que aparte de haber sido y seguir siendo excluyente, racista, elitista, autoritario mantiene una naturaleza corrupta. ¿Qué hacer?. Reconstruir los tejidos sociales más sanos y críticos, rebeldes y democráticos, para cambiar las relaciones profundas de la sociedad y redistribuir el poder entre todos, manteniendo el poder, la soberanía la autonomía en el pueblo peruano.